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Leonardo Barbosa: un ser consecuente PDF Imprimir Correo

LEONARDO BARBOSA

¡Un ser consecuente!

 http://www.barriosdebogota.com/wp-content/uploads/2014/06/Leonardo-Barbosa-en-Emisora-Kenendy1.jpg

Nuevamente la desgracia y la muerte golpean nuestra puerta y como siempre esa  inmisericorde la patea y la tumba con su fuerza, con su amargura, con su odio, con su podredumbre, es inevitable, por más que resistimos siempre se introduce en lo más íntimo de nosotros y así cuando estábamos sin alientos, con el dolor en la mano y nuestro llanto haciendo ríos por la muerte de Jaime Toro, se atraviesa la sorpresiva noticia de su muerte compañero Leonardo, no lo podíamos creer y aún no lo creemos, en nuestra retina están las imágenes de televisión que lo mostraban fuerte, propositivo y crítico en la Plaza de Bolívar, allí asumiendo la dignidad y la resistencia contra el fascismo, tampoco se nos borra de nuestra mente ese compañero curtido por la lucha, que moderando en una mesa acompañaba la reflexión, el estudio y el debate, también ese que desde un computador se ubicaba en pie de lucha para expandir su propuesta crítica e invitar a hacer una academia distinta, también nos viene a la memoria ese papá enternecido, totalmente enamorado y atrapado por su hija a quien levantaba en sus hombros como esa bandera izada por la vida, con orgullo la ondeaba, la apretujaba, la mimaba, la besaba, era un ser humano integral. No podemos olvidar tampoco a su eterna acompañante, su compañera inclaudicable.   

Sabemos que usted compañero, amigo, camarada, vivió en la brega constante que tenemos los revolucionarios más allá de transformar los mundos exteriores, el transformar nuestro propio mundo, ese mundo interno que nos confronta todos los días con lo que queremos, debemos y podemos hacer, en otras palabras, nuestra disputa permanente con el ser consecuentes entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos.

Quienes como usted se esfuerzan en lo más profundo de su existencia por lograr este propósito máximo, siempre serán mal vistos por los defensores del estatu – quo y por aquellos que dicen querer cambiarlo radicalmente, si, de aquellos que dicen, nada más y asumen solamente la consigna, no la acción, su condición revolucionaria no es más que una pose, pues quien consecuentemente busca la transformación es para ellos aquel eco de la conciencia que nunca los dejará tranquilos y les estará diciendo y mostrando en la acción concreta cual equivocados están al huirle a la transformación profunda, a la ruptura total.

De vez en cuando se tornarán “solidarios” pero no la solidaridad que se transforma en ternura, como lo diría el Che, sino aquella solidaridad más parecida a la caridad, esa forma acética de expiar culpas, unos se sacrifican, los consecuentes, los que no, se juntan “dizque tácticamente” al sacrificador, son los que dicen al oído a sus hijos, sus estudiantes, sus contertulios, sus camaradas que la época de los sacrificios ya pasó, que hay que ser un “poco” pragmático, porque su condición camaleónica ha de permitirles algún día consolidar el ideal contra-hegemónico, creen que haciendo parte de esa maquinaria vulgar, de ese gran leviatán, así lo transformarán, sabiendo tristemente que ellos son los transformados, los comprados, los cooptados, no obstante, cuando ya no logren disimular tanta hipocresía dirán que el que no cambia es un imbécil, que el que es comunista a los 15, pero se mantiene a los 30 es un estúpido, que a ellos “ya les pasó ese sarampión”.

LEONARDO FABIO BARBOSA fue uno de esos seres consecuentes  que rehusó dejarse cooptar por la estructura burocrática, por los embelecos cómodos que otorgan los títulos nobiliarios que da la universidad, fue un amigo, un compañero y un padre comprometido, no como lo establecen los “manuales de las buenas costumbres” y la moral judeocristiana, sino como lo define esa forma desgraciadamente tan particular de ver el mundo y que en su afán por universalizarla lo condujo en ciertos momentos a un cuasi ostracismo y marginación, muchos aplaudían su esfuerzo, su trabajo y como siempre, el complemento de los que aplauden es “la palmadita en el hombro”, el: “sí, hay que hacerle muchacho” pero entre más rápido se alejen, mucho mejor porque está mal visto estar cerca de los consecuentes, no obstante cuando se necesitan para hacer bulto y que ellos sean los que pongan el pecho se les llamará, no de manera directa sino por terceras personas, como ocurrió en las pasadas movilizaciones en “defensa de lo público” y en contra de las arbitrariedades del inquisidor Alejandro Ordoñez.

A finales de la década de los 90 nacen en las universidades públicas de Bogotá diversos proyectos hermanados entre estos la Cátedra Latinoamericana Antonio García Nossa y el Taller de “J”ormación Estudiantil Raíces – TJER el uno en la Universidad Nacional de Colombia y el otro en la Universidad Pedagógica Nacional, avanzamos y crecimos en medio de dificultades, pero con la verdadera solidaridad que dan estos procesos autónomos y comprometidos con una academia crítica y transformadora, Leonardo, como parte de esos múltiples motores que impulsaron este esfuerzo se dio la pelea porque el mismo no se cerrara por parte de las  directivas universitarias, buscó nuevos espacios, otros horizontes, llegó a los barrios, a los colegios y a otras universidades con sus propuestas. 

En ese trasegar se construyen amistades y por qué no decirlo, complicidades, compartimos  TJER y la Cátedra Latinoamericana a Jaime Toro un cómplice incorregible, un iconoclasta que lo compartía todo de forma desinteresada, sin contraprestación alguna. Su máximo tesoro, esa babel hecha Biblioteca que cuidaba con recelo este chapineruno que nos atrapaba con sus múltiples anécdotas, pero ante todo con su descarga crítica al pensamiento moderno, como desde una andanada infinita de reflexiones filosóficas, sociales y políticas, acompañadas si fuese posible de una buena comida y un buen vino, nos hacía cómplices de su condición noctámbula, noches enteras en una condición de verdaderos privilegiados, porque si, ese era y así era ese filósofo de la inmanencia, el que buscó en un hedonismo reflexivo dar rienda suelta a su también condición revolucionaria.

La Cátedra Antonio García y TJER  fueron espacios construidos con él y para él, su lectura vasta de Nietzsche, Foucault, Deleuze, Guattari, Marx, Engels, en si del pensamiento filosófico europeo y universal, en ese afán constante de ubicarlo en nuestro escenario macondiano, que en su infinita espiral de la violencia lo obligaba a reflexionar colectivamente sobre los caminos a seguir para construir una Colombia justa, democrática, soberana, pero no en el marco de las premisas engañosas de la burguesía, ni tampoco en el dogmatismo, el macartismo y los señalamientos de las falsas izquierdas, si desde una relectura nueva, fresca, mas vital del pensamiento revolucionario, nos embriagamos hasta el cansancio en estas múltiples reflexiones, siendo él quien dominara en un 99.9% el uso de la palabra, cuando nos correspondía, hacíamos uso de nuestro 0.1% respectivo, sin ningún tipo de resquemor, pues lo hacíamos rápidamente para darle paso a este gran conversador, así compartimos y vivimos momentos inolvidables, la cátedra Antonio García y todos los que allí han estado, al igual que el colectivo TJER y muchos otros colectivos e individuos del mundo académico, del movimiento social y popular,  aprovechamos y recibimos con cariño tanta disposición para compartir lo que él como ratón de biblioteca devoraba de sus libros, quienes junto con sus perros y sus más cercanos amigos fueron la razón de vida de Jaime.

A Leonardo, su cátedra, a TJER y a Jaime también nos unió la desgracia del señalamiento, la persecución, el exilio y la cárcel, pues en otro de los capítulos tristes de la criminalización del pensamiento crítico y de la persecución de la lucha social y popular  efectuado a finales del año 2008, ubicó a las universidades como uno de los fortines del terrorismo y así todo aquello que fuera pensamiento disidente y se atreviera a salir del circulo vicioso del pensamiento único.  Fueron muchos los docentes y estudiantes encarcelados, otros tuvieron que asumir el exilio, tanto interno como externo, es decir, los que no lograron salir del país y no fueron hechos prisioneros tuvieron que refugiarse principalmente en el silencio de su expresión crítica, medir con el sensor de sus miedos cada palabra, cada acción, pues la moral perversa del fascismo reinante, que aún se campea, enviaría a sus hordas para hacerse cargo.

Leonardo producto de esta situación vivió el exilio y la frustración del mismo, Jaime Toro fue totalmente solidario con él y con los compañeros de TJER que sufrieron la cárcel, pese a sus temores entró a la mazmorra, campo de concentración o como se le quiera llamar a la penitenciaría la Picota, él nos relataba como en su juventud siendo juez de la república había visitado la cárcel del pueblo en el que le correspondió ejercer el cargo, de manera pasajera, provisional, pero no soportaba observar las condiciones precarias y a veces infrahumanas en las que se tortura especialmente a los prisioneros políticos y de conciencia, pero como era costumbre en él sus visitas eran verdaderas cátedras del problema del encierro, del adentro, del afuera y de esa propuesta que se venía plasmando desde los primeros días de la cárcel y aún está por concluir, de elaborar un escrito sobre las geografías del presidio, los espacios de poder y de control.

TJER abraza a tod@s aquell@s que compartieron y vivieron las experiencias de dos grandes; JAIME TORO Y LEONARDO BARBOSA, que por las paradojas y consecuencias de la vida se fueron a su propio ritmo en menos de una semana y si, que paradoja, en la misma semana en que se conmemoraban los 30 años de la muerte de uno de sus referentes más importantes en el pensamiento revolucionario: MICHEL FOUCAULT, que en la praxis de estos dos también inmortales estaba más allá del desequilibrio y los devaneos postmodernos, por lo menos más allá de esa posmodernidad conservadora, ecléctica, paquidérmica, pues sus posturas eran revolucionarias, críticas, antidogmáticas, pero no anti marxistas y mucho menos anticomunistas.

TJER hace un llamado a tod@s l@s que quieran desde ya sumarse a la organización del homenaje póstumo que merecen estos dos grandes hombres, nosotros nos sumamos como uno más en esta tarea, buscando quizá para el 2015 cuando ojalá el grueso de TJER esté reunido nuevamente en Colombia, podamos, sin las ataduras de la distancia, estar presentes físicamente para sumar los esfuerzos necesarios en este propósito.

 

Patricia Sanabria y Javier Díaz

TJER


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